Veniamos negociando frenar unos minutos en la laguna y bajar a mirar la arena, los pastos, el agua, y los pibes en cuero (!)
El colectivo dobló por sorpresa, y, si no lo hubiera hecho, nos hubieramos perdido una cara de ésta perla que no es más brillante, ni más opaca, sino otra. Sí, si no lo hubiera hecho, qué pobre sería la mirada.
Al doblar en la rotonda, veo una humilde florería instalada al lado de un cementerio desde que tengo memoria. Sonrío e imagino cómo todas las paradas podrían ser florerías, confiterías o jugueterías; para poder esperar el bondi entre olor a jazmin, caramelos o peluches chinos. Nadie aprovecharía para juntarse a chupar o mear las paredes en un apuro.
Al llegar a la laguna, veo a un humilde florista vendiendo ramos.
Un pibe de unos 20 años, vestido entre telas de avión baqueteadas y sentado en un Zanella 50, paga y recibe un par de claveles rojos, envueltas en un celofán blanco.
Qué adorable. ¿Será para algún pariente enterrado en el cementerio?
Quizás las compró para alguna chica especial, o, por qué no, para su viejita quien está cumpliendo años. «Es un campeón», pensé.
Si yo fuera intendente, armaría un grupo de stalkeadores sociales para premiar los buenos gestos de la gente. En éste caso, un aplauso y un fuerte abrazo para éste pibe que acaba de comprar flores, más cuando se es de clase obrera y diariamente todo tu ser está cubierto de grasa, aceite y tierra.
Capaz lo que ganó en ocho horas aguantando al trompa (sí, ese gerente pito corto y altanero) que lo trata como un mandril, se lo gastó en un pequeño ramo de flores, sencillo y sin alardes, pero carísimo.
De repente, qué mariposón me he puesto.
Como la carrera política sigue sin atraerme, me dedico a observar a través de mis anteojos realidades paralelas, tan posibles que me llenan de impotencia.
¿Quién comprará flores hoy en día?
¿Para quién?
¿Para qué?
Tantas preguntas maravillosas por descubrir, y en la televisión aún siguen discutiendo si el pelado Cordera violó, o fue violado.
Ya decía yo, «mejor no jodamos con Uruguay, mira si se enojan y nos devuelven al cantante de Suavemente»
Citaría la frase de repudio de Oscar Wilde, pero sería caer en el argumento fácil.
Lo que haría, después de lanzar la revista, es colmar de entrevistas a floristas que me puedan responder las tres preguntas que acabo de preguntar.
Y qué flores llevan. O cuánto gastan en difuntos.
¿Gastarán más madres que en padres? ¿Cuánto pagarán por amores, o en posibles amores?
Extraño. Extraño a los bordes que confían en mí y en lo paranormal. Y que ese normal venga de norma, de impuesta, de expectable, de siempre igual y todos los días lo mismo.
Llegamos al lago y no pude contener la obsesión de inhalar con el napi cada pequeño sorbo de olor, sin importar cuán asqueroso sea. En muchos pasos un sublime aroma me chocaba, y usted vió.. los pulmones tienen un límite.
Busco una piedra, con las siguientes características:
· Plana
· Linda
· Liviana
La encuento.
Pienso en todo lo que tengo por delante.
En todo.
Menos en lo que realmente tengo adelante.
En mis ojos /
tengo /
lo que un día /
será tu sonrisa. /
No tan fuerte /
como el agua /
que recibirá mi piedra, /
como el pájaro /
que escapará del cascotazo /
yo también soy frágil.
Lancé la piedra, y se convirtió en sapo.